- Los Mitos Que Nos Habitan -

Mi Travesía del Héroe:
Matemáticamente Político

"De la rigidez de los números al caos de la sociedad"

Comenzar la Odisea

Canto de las Musas

Soundtrack del viaje

Acto I: La Partida

Abandonando el mundo ordinario

El Llamado a la Aventura

Mi llamado a la aventura no fue un despertar tradicional, de esos que nacen repitiendo discursos, sino que surgió de una profunda frustración al ver cómo opera la administración pública: basada en la intuición, la ineficiencia burocrática y, muchas veces, la opacidad. Me di cuenta de que si realmente quería generar una transformación radical en el gobierno, las buenas intenciones y el carisma no bastaban; necesitaba herramientas objetivas. Es aquí donde la Ingeniería en Datos y Matemáticas (IDM) se conecta de forma directa y absoluta con mi ambición política. Aunque para muchos parezcan mundos separados, la política trata en el fondo sobre gestionar sistemas sociales complejos y recursos, e IDM es precisamente la ciencia de modelar y optimizar sistemas mediante información dura. Elegí estudiar esta ingeniería porque comprendí que para auditar procesos gubernamentales, diseñar políticas públicas efectivas y arrancar de raíz la ineficiencia, necesitamos rigor matemático e ingeniería de datos. No entré a esta carrera para aislarme en un laboratorio creando algoritmos abstractos, sino porque veo la ciencia de datos como el arma definitiva para la reforma gubernamental. Mi llamado fue la epifanía de que limpiar ese mundo político no se logrará con más demagogia, sino construyendo sistemas basados en evidencia numérica incontrovertible.

La Negativa al Llamado

Antes de comenzar formalmente mi primer semestre, fui víctima de un intenso síndrome del impostor que me hizo cuestionar si había tomado la decisión correcta. Al revisar los temarios de cálculo multivariable y los rigurosos fundamentos del álgebra lineal, sentí un vértigo paralizante. Me convencí temporalmente de que las matemáticas de ese nivel y la programación avanzada quizás eran un reto demasiado agotador, llegaba todos los días a dormir, pues gastaba mi energía de maneras que nunca creí, y llegué a considerar cambiarme a una ruta más tradicional y menos demandante. La negativa se manifestó como un profundo miedo al fracaso académico y a no ser lo suficientemente inteligente para dominar lenguajes como C++ o Python. Me mataba pensando si realmente podría soportar la carga o si estaba persiguiendo una fantasía irrealizable. Pasé semanas evadiendo los preparativos, aferrándome a mis pasatiempos, dudando si mi sueño de transformar la administración pública justificaba el inmenso desgaste mental que estaba a punto de enfrentar.

La Ayuda Sobrenatural

Apuntes de lógica y física

Me cuesta un poco pensar en una, pero creo que mi "ayuda sobrenatural" vino en el descubrimiento de la lógica algorítmica y el apoyo incondicional de figuras clave en mi entorno. Cuando finalmente decidí enfrentar mis miedos y comenzar a programar en R y Python, me di cuenta de que el pensamiento estructurado funcionaba como un verdadero talismán mágico contra el caos. Además, el respaldo de profesores que actuaron como mentores me otorgó la claridad necesaria para ver las matemáticas no como un enemigo, sino como un lenguaje universal. Cada vez que lograba hacer correr un modelo de regresión sin errores o terminaba un script funcional, sentía que había adquirido un nuevo poder. Esta combinación de herramientas tecnológicas abstractas y guía académica se convirtió en la fuerza protectora que me dio la confianza necesaria para abandonar mis dudas iniciales y adentrarme de lleno en el complejo ecosistema de mi ingeniería.

Cruce del Umbral

Monstruo: El Minotauro
Pizarrón con Ecuaciones

El cruce del umbral ocurrió durante mis primeras semanas de clases, cuando el ritmo de la preparatoria quedó atrás y fui arrojado al frenesí universitario. Fue entonces cuando me encontré con la primera problemática convertida en monstruo mitológico: "El Minotauro de la Burocracia y el Laberinto del Tiempo". Este monstruo custodiaba el umbral, manifestándose en la abrumadora complejidad de gestionar horarios, fechas de entrega de proyectos y la inmensa carga de lecturas teóricas que parecían no tener fin. Tratar de organizar mi vida entre los trabajos en equipo, las clases de ecuaciones diferenciales y mis propios proyectos personales se sintió como estar perdido en un laberinto diseñado para devorarme. Al entregar mis primeros proyectos y aceptar que debía cambiar radicalmente mis hábitos de estudio y disciplina para sobrevivir a los ataques de este Minotauro, supe que había cruzado el umbral. Ya no había vuelta atrás; ahora era un estudiante de ingeniería en toda regla.

Acto II: La Iniciación

El fuego de las pruebas y la forja del carácter

El Vientre de la Ballena

Experimenté el vientre de la ballena durante la construcción de un prototipo de aerogenerador Savonius. Me sumergí tan profundamente en los cálculos físicos, el acoplamiento mecánico del motor-reductor y la electrónica de almacenamiento con capacitores que el mundo exterior desapareció por completo. Pasé días enteros aislado, lidiando con tuberías de PVC, códigos y modelos físicos que no funcionaban como esperaba. Sentía que el proyecto me había tragado vivo y que mis conocimientos previos eran insuficientes. Fue un periodo de profunda frustración y muerte simbólica de mi ego, donde tuve que aceptar que no podía resolver todo al primer intento. En la soledad de esos cálculos interminables, tuve que deconstruir mi forma de aprender y aceptar que el error era parte del proceso. Al salir de ese proyecto con un prototipo funcional, sentí que había dejando atrás mi mentalidad de novato.

Apuntes de integrales

El Camino de las Pruebas

Monstruo: La Hidra
Terminal de código

Mi camino de las pruebas ha estado lleno de retos técnicos y de resistencia mental, enfrentándome constantemente a mi segundo monstruo: "La Hidra del Código". Al desarrollar una plataforma digital de predicciones (para el mundial), experimenté en carne propia lo que significa luchar contra una bestia a la que le cortas una cabeza y le crecen dos más. Programar las funcionalidades en HTML, JavaScript y conectarlas con las bases de datos de Firebase fue un calvario de bugs incesantes; solucionaba un error y automáticamente se rompía la responsividad en otro. Noches en vela frente al monitor intentando domar la sintaxis de mis scripts, sumado a las pesadas tareas de estadística y probabilidad de la universidad, pusieron a prueba mi resiliencia al límite. Cada error depurado era una pequeña victoria en este largo camino, enseñándome que la paciencia y el análisis meticuloso son mis verdaderas armas.

Encuentro con la Diosa

Pareja Santiago y Raissa

En medio del caos de las entregas, la presión por las calificaciones y el estrés acumulado, mi encuentro con la diosa se ha materializado a través de mi relación con mi pareja, Raissa. Ella ha representado ese espacio de comprensión absoluta y paz cuando la carga académica o problemas personales parecen aplastarme. Cuando mi cerebro está saturado de números, datos y proyectos, su presencia y apoyo emocional me devuelven a la tierra. Escribirle cartas o simplemente planear salidas se han convertido en recordatorios vitales de que existe un mundo hermoso fuera del rigor científico y la presión universitaria. Raissa me ha brindado esa energía sanadora que Joseph Campbell describe, validando mi esfuerzo y ayudándome a mantener un equilibrio psicológico indispensable para no perder la cordura en medio de este exigente viaje académico y personal.

La Tentación

Monstruo: Las Sirenas

Constantemente he tenido que luchar contra la tentación de abandonar mis responsabilidades, enfrentándome a mi tercer monstruo mitológico: "Las Sirenas del Entretenimiento y la Procrastinación". Este monstruo canta con voces dulces y seductoras, ofreciéndome la gratificación inmediata de sumergirme durante horas en partidas de videojuegos, en lugar de terminar mis reportes de laboratorio. La tentación de ceder ante el agotamiento y elegir la comodidad del ocio desmedido o de abandonar mis grandes metas políticas por un trabajo corporativo más sencillo y mejor pagado siempre está acechando. Superar a estas sirenas no significa eliminar mis gustos por el gaming o la cultura pop, sino amarrarme al mástil de la disciplina para no dejar que estas distracciones hundan el barco de mis aspiraciones profesionales y mis proyectos a largo plazo.

Reconciliación con el Padre

He vivido este estadio de manera muy literal y enriquecedora en mi relación con mi padre, Raymundo. Durante mucho tiempo, la figura paterna representa la autoridad definitiva que dicta las reglas. Sin embargo, mi iniciación hacia la adultez ocurrió cuando comencé a colaborar activamente con él en el mundo real. Pasé de ser solo su hijo a ser un aliado, ayudándole en la administración de propiedades y realizando estudios de viabilidad para sus negocios. Discutir sobre poderes legales, finanzas y proyectos en conjunto me permitió conciliar mi formación analítica con su vasta experiencia práctica. Ya no lo veo solo como una autoridad imponente, sino como un mentor y un socio. Esta reconciliación me empoderó enormemente, validando mis capacidades al demostrarme que los conocimientos matemáticos que adquiero en las aulas tienen un peso real en las decisiones de la vida adulta.

Apoteosis

Mi momento de apoteosis académica llegó cuando, después de semestres de batallar con conceptos abstractos que parecían aislados, las piezas del rompecabezas finalmente encajaron en mi mente. Sentí una verdadera expansión de conciencia al entender cómo las bases del cálculo, la estadística y la programación convergían para resolver problemas del mundo real. Me di cuenta de que no solo estaba acumulando créditos universitarios, sino forjando una mente capaz de modelar la realidad. Esa epifanía, esa sensación de fluidez y dominio sobre mis herramientas de ingeniería, me llenó de una paz profunda. Entendí que el esfuerzo brutal de los primeros semestres tenía sentido. En ese instante de claridad mental, dejé de ver la carrera como un castigo o un laberinto, y comencé a percibirla como una red interconectada de conocimiento que me otorgaba el poder real de intervenir y mejorar mi entorno social y tecnológico.

Acto III: El Regreso

Portando el conocimiento de vuelta a la polis

La Gracia Última

Amigos en el estadio Borregos

La gracia última que he obtenido en esta etapa de mi viaje es la cristalización de mi objetivo inicial: poseer las habilidades tangibles de la Ingeniería en Datos para aplicarlas en el ámbito político. El elixir que he conseguido es la capacidad de extraer, procesar y analizar grandes volúmenes de información biológica, social o estadística, para transformarla en soluciones concretas. Ya no soy solo un soñador que desea que el gobierno funcione mejor; ahora tengo más sólidas las bases del poder técnico, la "magia" de los datos, para proponer sistemas eficientes y auditar procesos públicos. Esta comprensión profunda y la habilidad técnica son mi recompensa por las incontables noches de estudio. Este conocimiento es el don definitivo que buscaba desde el llamado a la aventura, la herramienta precisa que me permitirá intervenir en la sociedad mexicana y, con suerte, curar algunos de los males burocráticos y sociales que la aquejan.

Libertad para Vivir

Me he liberado de la ansiedad que me aprisionaba. He comprendido que los monstruos siempre existirán, pero ya no tienen poder sobre mí. Al dominar el lenguaje de los datos sin perder mi esencia humana, he forjado mi propia libertad. La aventura continúa, pero ahora viajo con paz.

Santiago con su perrito